martes, 6 de febrero de 2007

DIABLO VIEJO

Fedosy Santaella

(el panita Aliester)


Maiki, pegado al techo, descarga su metralla exultante sobre mí, su cara sólo oídos, su cara boca zurcida, su víctima silenciosa:

-…salta pues salta me dijo el tipo y sonreía no paraba de sonreír como si no tuviera boca y en su lugar hubiera como que una sonrisa tatuada y yo me le quedé mirando ahí de pie sobre la silla en el balcón yo era el diablo estábamos en una rumba en lo de Claudio y yo le había dicho a todo el mundo que yo era el diablo que estaba ahí para retarlos no para tentarlos la tentación es como que cualquier vaina el reto es más fuerte más de trance espiritual mi bro el reto es decirle a la gente lo que es ¿me explico? el diablo es como una luz su verdadero nombre al principio de los tiempos era Luzbel el que le dio y le da a los hombres el intelecto la capacidad de interpretar el mundo ese fuego que Dios le negó ¿me entiendes? Luzbel es así como que durísimo así finísimo y hace que los hombres despierten y despertar es duro mi bro por eso cuando yo le muestro a la gente la Gran Verdad la gente como que se caga ¿ves? yo soy un pobre carajo de Chuao pero tengo esta vaina por dentro esta luz este poder yo lo he trabajado y te cuento que una vez me encontré con unos sabios unos tipos poderosos que vinieron de Europa buscando a la gente a los que tuvieran el don y un día me encontraron y me lo dijeron y yo me cagué pero lo asumí y ahora estoy en esta lucha por evolucionar y diciéndole a la gente lo que tienen que saber aunque se caguen como tan cagados estaban todos cuando me subí a la silla y les grité que me iba a lanzar por el balcón pa´bajo y entonces vino Claudio sí Claudio estuvo antes de aquel tipo y me dijo que me calmara y yo más allá del bien y del mal insulté al pana en su casa en su propia casa porque así es la fuerza espiritual que llevo por dentro ¿me explico? una vaina así dura mi bro que no se detiene ante nada así durísima porque más importante es la misión que me tocó así nadie me entienda aunque Claudio sí Claudio es un tipo como que evolucionado él y yo hemos conversado y esas conversaciones nuestras están en las letras de su banda son letras oscuras y llenas de poesía pero duras verdaderas y por eso porque Claudio sabe cómo es todo se quedó tranquilo me mandó para el carajo me dejó y siguió en lo suyo, ¿ves mi bro? le dijo a la gente que no pasaba nada y yo me quedé ahí sobre la silla como que mirando el vacío y ahí fue cuando apareció aquel tipo y me dijo salta pues salta y yo tenía la sospecha de que si me lanzaba iba a caer en algo blando el mundo era de ladrillos blandos en ese momento ¿me entiendes? porque yo hace tiempo que aprendí a pasar las puertas de la percepción como Morrison ¿me explico? pero hay gente que no sabe nada gente que vive para burlarse de la sabiduría de lo espiritual como ese tipo que seguía ahí con su sonrisa como que tatuada parecía una mujer de mentira un transformista de la Libertador así de feo y tal y entonces me arreché me bajé de la silla y me planté frente a él y le dije a mí nadie me manda yo soy un diablo viejo y el tipo sin dejar de sonreír dio media vuelta y entró a la sala y yo lo perseguí yo estaba como que dispuesto a darle un par de coñazos pero el tipo pasó entre los cuerpos y llegó hasta la puerta que estaba abierta y salió se fue no lo vi más no lo he vuelto a ver al cabrón ese pero yo lo sigo esperando ese tipo y yo tenemos algo como que pendiente una bronca algo así durísimo a nivel espiritual y todo ¿me entiendes…?

Así me va contando Maiki, deambulando cual bicho enfermo, rasgándole los bordes a la mesa, eléctrico y con mala memoria. Porque yo te podría decir cómo fue en realidad ese final, podría hablarte de su silencio, allí, sobre la silla, lleno de pavor y lucidez, podría contarte que no se bajó hasta que yo me fui, que no me dijo nada, nunca me dijo nada, pero no, mejor te dejo la historia hasta aquí, mejor no entramos en detalles. Sólo te digo que Maiki tiene mala memoria, que esta madrugada tampoco me ha reconocido, que una vez más ha olvidado quién soy. Eso me divierte, y mientras él descarga sus balas de salva, yo canto bajito esa canción de Charly que a mí me encanta.


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FIESTA PRIVADA

Mireya Tabuas



El supo ser la hembra, espléndida, entregada, abierta. La pasividad, la holganza. Dejarse hacer. Mamita. Ella supo ser el hombre, la empuñadura, la voz cantante. El sudor, la fuerza laboral -la fuerza bruta-, la mano de obra.

El fue la hembra, la mujer barbuda del circo de ellos dos. Ella fue un hombre de hermosos senos blancos bajo el escote. Vital, masculina en sus frágiles caderas. La palanca. El empuje. Vamos, un dos un dos.

El fue un verbo en pasivo que abría las piernas para ser adorado. Etéreo. Nena. Un santuario, un templo, una corriente que vibra cuando ella recorre su espalda. Caballera. Protectora. Difiriendo, prolongando, distribuyendo equitativamente el goce. El roce. Intuición, desprejuicio. Ella le reza quedo allí, al fin de todos los tiempos. Jesús, María y José. Ella, fulgor y escarnio público, boca laboriosa y astuta, dedos curiosos y saliva, calma y prisa, acción, reportera de guerra, crónica roja. Afanosa. Ávida. Desatada.

Hubo baile de disfraces también en esa festividad. El fue la Bella de piernas velludas, ella una Bestia delgada, animal salvaje sin príncipe adentro. Él fue cándida caperucita que lleva dulces, ella un lobo hambriento en busca de carne fresca. Ella fue el coyote, y él el correcaminos. Esta vez sí funcionó Acme, el cazador alcanzó su presa. Ella, el coyote cojo.

El supo ser ella sin cabello largo. Piel. Ella supo ser él -un homo erectus imaginario- compensando sabiamente las ausencias. Los músculos. Carne y huesos.

El fue ella. Ella, él. En el espejo de ellos mismos.

Hembro. Hombra.

La teoría de la relatividad. El sexo, esa fiesta privada.


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Y SE LLAMÓ THE CHANG MARTYRS

José Urriola C.


Te lo cuento tal como me lo contó Billy, el de los chinos de La Boyera, me lo contó en ese idioma híbrido entre el caraqueño de un bar de Baruta y el mandarín que se grita en las cocinas. Porque el Billy tiene como 30 años aquí pero habla igualito que cuando se bajó el barco. Ese día nos quedamos en la barra, nos tomamos tres o cuatro tragos de más y acabamos hablando de lo tarde que era, de lo peligrosa que estaba la calle, de cuánto habíamos perdido la ciudad, del malandraje suelto, de esa sensación de llegar a casa todas las noches como si fueras un sobreviviente. Y entonces el Billy dijo: “Es que aquí hacen falta unos Chang Martyrs”. Y yo: qué vaina es esa pana. Y él: Nada, nada, pensando en voz alta. Y yo: no me jodas, Billy, cuéntame de una vez. Y el Billy se sacó un pañuelo del bolsillo, se lo pasó por la nuca, se secó el bigotito disperso perlado por el sudor, dio un sorbo largo a la cerveza. “The Chang Martyrs es la banda más mítica de Pekín. Y además de músicos eran justicieros”.

Y lo que me contó el Billy te lo cuento con riesgo a que aparezca un día como un perro en la cuneta de la autopista, hinchado y con un mosquero encima. Pero te lo tengo que contar a ver si lo entiendo, a ver si tú me ayudas a darle luces.

Los Chang Martyrs eran una banda punk cuando el punk aún no existía, eran undergrounds antes de que ser subterráneo significara algo en este lado del mundo. Nadie sabe los nombres verdaderos de sus miembros, pero aseguran que el vocalista y el baterista eran hermanos. Del bajista y del guitarrista sólo se sabe lo que pasó en el último concierto. El rock estaba más que prohibido en la China de Mao, así que estos tipos eran todo un misterio. Se corría la voz de que tal noche de sábado cierto baño público de Pekín iba a dejar de prestar servicio a la clientela; pero en cambio se anunciaba allí un concierto. La cosa corría de boca en boca: Los Chang Martyrs tal día en el baño tal del barrio tal. Y el día del concierto, tempranito por la mañana, aparecían unos carteles pintados a mano por las calles y unos volantes misteriosos que anunciaban: Los Chang Martyrs en concierto, invitado especial Fulano de Tal. Y resulta que Fulano de Tal era un azote de barrio, es como si aquí hicieras un concierto de Seguridad Nacional con “El Frescolita” o como se llame el azote más abominable de toda Cotiza, un mierda que tiene encima como treinta muertos, una docena de violaciones, que le hace pagar peaje en la escalera a los viejecitos y los niños, y que controla toda la droga dura de la zona. Bueno, imagina tú ese cuadro, igualito pero en chino, con un carajo que se llama Tzin Tao Zhang que es la mierda de gato en tapara, el más nefasto del barrio, un coñoemadre al que medio Pekín lo quiere ensartado en medio de la plaza pública. Ése era el invitado de los Chang Martyrs.

Y llegaba la hora del concierto, con todo gratuito, entraba la gente al baño público, casi todos jóvenes vestidos de negro, entraban hasta que no cabía ni un chino más, aquello era como una caldera, un ritual, una misa siniestra. Y el Billy estaba allí, era súper fanático el tipo. Entonces cuando ya el baño era como una olla de presión y estaban a punto de salir disparados por el aire los más flacos salían The Chang Martyrs. Y aquello se venía abajo, porque eran como dioses, eran como ángeles oscuros, era una descarga que dejaba a los Pistols como música de cuna, a los Dead Kennedys como hijitos de papá burgués, a Los Ramones como un par de comadres cantando zarzuelas. Los Chang Martyrs eran la música industrial que Nine Inch Nails nunca pudo hacer, tenían una escena mucho más vampiresca que The Cramps. Eran unos tipos que le llevaban décadas de ventaja al tiempo. Y cuando ya la adrenalina estaba en su punto, cuando ya la audiencia pedía una baladita para que no les estallara el corazón, entonces el líder vocalista de los Chang tomaba el micrófono y preguntaba a la masa enardecida: “Do you want some blood?” –así en inglés para que más le ardiera al régimen- Que si querían un poco de sangre, loco, les preguntaba a ese poco de chinos delirantes llenos de rabia y rock que si querían sangre. Y todos gritaban con la yugular a punto de estallar que Sí, que claro que sí. Y entonces traían al escenario al invitado especial. Lo traían amarrado al azote, venía el hombre vuelto un chiquito de cinco años de la cagazón que tenía. Lo ponían en el centro de la tarima, lo obligaban a estirar un dedo, casi siempre el meñique o el pulgar, y a todas estas el menor de los Chang tocaba una marcha brutal con el redoblante, se lanzaba un solo de batería apoteósico que el público seguía con las palmas, el azote temblaba, hacía pucheros, rogaba por clemencia, pero ya nada lo salvaría del desenlace. El dedo era cortado por la primera falange y era lanzado a la olla donde la gente se los disputaba a codazo y colmillo.

La descarga se acentuaba, las guitarras y el bajo se sumaban, las baquetas redoblaban el ritmo, el bombo retumbaba como cañonazos, el cantante de los Chang Martyrs lanzaba un aullido rasga tímpanos, se encendía una hoguera descomunal con amplificadores, guitarras, parales, abrigos, se lanzaban músicos y audiencia contra los instrumentos, se improvisaba una enorme parrilla con retazos de metal retorcido. Y el invitado especial era ofrecido a su público. Ya la masa hambrienta se encargaría de decidir que querían su pedazo crudo, término medio o bien cocido.

El último concierto de los Chang Martyrs tuvo de invitado a un delincuente de cuello blanco, a un miembro del partido, dice el Billy que al parecer era el amante de alguien muy cercano a Mao. Y cuando el ritual se hallaba en su clímax, cuando llegaba el momento del sacrificio irrumpió el ejército. Lanzaron ráfagas de metralla a voluntad, granadas fragmentarias como quien arroja pétalos de rosa en una boda. El Billy carga una esquirla en el costillar, se levantó la camisa y me la mostró, te lo juro. El bajista y el guitarrista fueron masacrados; pero cayeron tocando. Al invitado se lo comieron crudo, le quedaron apenas unos huesos raídos. Los hermanos Chang se esfumaron. Nadie los encontró, volaron como aves nocturnas, se disolvieron en el aire como teletransportados a su nave nodriza.

¿Y sabes por qué te cuento todo esto? Porque todos saben en el fondo que Los Chang Martyrs aún viven, siguen por allí. Y ahora más que nunca necesitamos reagrupar a esos locos, devolverlos a la escena. Les armaremos una gira. Por la lista de invitados especiales ni te preocupes, la pongo yo.


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CONTAR CON LA ALEGRÍA, ES LA FIESTA POSIBLE, DE VEZ EN VEZ

Edda Armas




La fiesta de la amistad le llamé. El ‘petit apartament’ como le llamaba Juan Cardozo, nuestro arquitecto amigo, que lo comparaba con el suyo en una de las estrechas callecitas del barrio latino en París. El mío en el centro del mundo, como dice mi querido amigo el poeta Armando Rojas Guardia, léase en La Campiña. Cuarenta y siete metros con balcón incluido sería el escenario. Un primer piso, sin escaleras. El número siete los recibía al tocar la puerta gris de madera con el tirador de manito que allí colgaba. Era lo que se llama un invento de un día para el otro. Una ráfaga de alegría que se apoderaba de la inquilina, o sea de mí, de igual manera como se dan las mejores cosas en la vida: sin aviso. Tomada la decisión, crucé la calle y compré los ingredientes para preparar algunos platillos para picar, haciendo gala de mi pasión por el arte de cocinar. Ya había aprendido a cocinar con gusto para mí misma, pero alguna resaca quedaba anclada en el alma que siente, definitivamente, que cocinar para el otro sobrevuela todo el placer de lo posible. Brindaríamos con caipirinha. Recién llegada de Sao Paulo como estaba, tras tres meses de estadía por vacaciones en diferentes ciudades de Brasil, no se me hacía posible pensar en otra bebida, si de brindar por la amistad se trataba. No obstante, coloqué algunas latas de polarcitas en el congelador, porsia. De una sentada llamé a mis compañeros de trabajo. Mercedes B., Martín Tereso, Kelita, Salme, Hayddé, Maria Consuelo, MariJubes, Orofino, Arturo, Cristóbal S. y mi corte más cercana por esos años ochenta, Gabriela G. , Alex, y algunos pocos más. Al enterarse de mi intención de que fuese una fiesta bailable preguntaban ¿y cabremos? Claro que sí, les respondía segurísima. La verdad es que no veía problema alguno en el tema planteado. La amistad no necesita tanto espacio para manifestarse. Ensancharíamos el lugar en la medida de las necesidades. Bailaríamos por la alegría que llega sin saber el cómo ni el porqué, pocas veces en la vida. O de vez en vez. Nos dejaríamos llevar por la endulcorada caipirinha, que seduce mientras engaña con su inocencia.

{Una constante en mi vida ha sido el tener amigos a distancia. Desde los 13 años que nos mudamos de Lecherías a Caracas y supimos de los primeros adioses y el distanciarse de los amigos y los paisajes de mar. La relación epistolar nos ha salvado del naufragio. Antes, por las que el cartero entregaba, ahora por estas invisibles flechas del correo-e}. [En una de las repisas de la cocina reposan las botellas de vino brindadas con amigos. Glorioso, Rioja, Reserva, 1999 con Ignacio y María José. Luis Alegre, Reserva 2003, con Joaquín y Tosca. Placido, Chianti, Italia, 2004 con Patricia y Nicolás. Y más, y más. Ven y verás.] (Desde esta fiesta de los amigos, que aún se recuerda en el vecindario de La Campiña, la agencia de festejos de los Hermanos Chang es la que llamo para los festejos sanos y no tan sanos, y la recomiendo ampliamente, pues nunca pasaron la factura de los vasos rotos de esa noche).

Reunirse es celebrar la tribu. Cumplir el ritual más primitivo de la danza. Alzar la copa con algunas de esas fragancias de la uva, o con el exilir de la cachaça, es atisbar lo eterno, a sabiendas de que cada uno seguirá un camino. El suyo, no siempre convergente al nuestro. Unos irán. Otros vendrán. Los amigos se celebran. La noche de brujas pidiendo los tres deseos atados cada uno a una piedra y escondidos bajo tierra para que se cumplan. Complicidad. Los pies van y vienen. La danza lo dice. La alegría no es la conformidad alborozada con lo que ocurre en la vida, sino con el hecho de vivir, escribe mi amigo Fernando Savater y lo remata: “Así lo afirma uno de mis pensadores favoritos, Robert Louis Stevenson: Hablando con propiedad, no es la vida lo que amamos sino el vivir”. Deseaba acelerar la sincronía entre alegría y amistad en el ínfimo instante del ahora, con el legítimo afán de palparla a manos propias. Así fue. Los que acudieron a la cita representaban a todos los que son y serán hasta el último día. Suena el gong de entrada y el gong de salida. Alguien lo escucha todo esta noche. Esta noche la luz no se apagará. Apagó la luz el último que salió la noche de la fiesta en La Campiña. El jardín es el balcón por el que vuelan las hadas que conservan los sueños que se cumplen. No se oyó la música de las esferas esa noche, mas el ritual que abajo ocurría los cielos lo aplaudían con la danza advenediza de la lluvia fuera de temporada.

EL MERO, MERO CÓCTEL RANCHERO

Carlos ZZ Zerpa



Quiero contarles que hace unos meses estaba en una agradable fiesta en casa de mi amigo el artista plástico Alejandro Colunga en Guadalajara México. Fui con mi compadre Santiago Espinosa de los Monteros, y en verdad estaba pasándola muy, pero muy bien, escuchando música ranchera, ésa del maestro Cuco Sánchez, el compadre más padre, el de La Cama de Piedra… “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera, la mujer que a mi me quieraaaaaaa… Ha de quererme de veras.”

Tomábamos buen Tequila 100% agave azul y comiendo “Sushi” a la mexicana cuyo "dip" en vez de tener salsa de soya con wasabe tiene salsa de soya pero con “chile piquín”.

Andaba como un tiburón con la aleta fuera del agua poniéndole el ojo a una mexicanita idéntica a Thalía (¡coño me gusta muchísimo Thalia!, me encantaría estar entre sus brazos y entre sus piernas… pero por favor que NO cante), bella mujer que estaba merodeando y coqueteando por la fiesta. En verdad me quería llevar a la cama a esa Thalía, o halarla al baño y hacerlo parados agarrados del lavamanos…

Las paredes de esa casa están atiborradas de fotos de artistas Mexicanos, fotos de Jorge Negrete, Cuco Sánchez, Pedro Infante, Agustín Lara, Tin Tan y su carnal Marcelo.
En la fiesta pululaban hombres con sombreros de ala ancha y botas de piel de serpiente cascabel, todos serios y con bigote, bien, bien borrachos todos, Chiiiiiin su Madre…

De pronto, vi que uno de los invitados vestido de mariachi, estaba tomándose un licor rosado en vez de Tequila… ¿Sería ponche me dije? ¿Ron pope rosado? ¿Será gay este individuo?

Como yo andaba intentando conocer los gustos gastronómicos de los de Guadalajara, me acerqué con la excusa de comer unas “botanas” que repartía un mesonero cerca de él, pasaplalos que no eran otra cosa que grillos horneados o fritos que aquí son llamados “chapulines”, y así aprovechar y preguntarle al cuate que era lo que estaba tomando…

-¡Hola amigo! -le dije-, soy de Venezuela y en verdad estoy muy curioso de saber, y perdona mi intromisión cuate… ¿pero, qué es eso rosado que estás tomando?

Él se sonrió y me dijo:
-Es que tengo una úlcera estomacal hace ya un año, casi tengo perforado el estomago carnal, y me preparo este cocktail de Tequila con PEPTO BISMOL. Por eso es de color rosado, aunque algunas veces si tengo mucha acidez también me tomo uno espumante champanizado que no es otra cosa que Tequila con Alka seltzer…! Ja, ja, ja!

Al oír esta confesión me quedé atónito y solo me quedó cantar abrazado al Mejicuchi, esa típica canción de charros que dice:

“Guadalajara es un llano, México es una laguna… me he de cooooo-mer esa tuna, me he de cooooo-mer esa tuna, me he de coooooooooooo-mer esa tuna, aunque me espine la mano..."

¡¡¡¡No Maaaaaaaaaaaanches gûey!!!

¡¡¡Ji-Joleeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!!!

MEJOR CHINO CONOCIDO QUE CHINO POR CONOCER

Clavel Rangel



No era para menos. Una galleta de la fortuna me traería la invitación para la fiesta anual de los hermanos Chang, las cuales se recibían con sorpresa y en el más absoluto misterio mientras comías en el Fung Chang de la transversal de Petare. Entonces uno moría de alegría, de susto y callado para evitar problemas con la mafia - la otra mafia -. Y es que las fiestas en la cofradía Chang eran como una especie de secreto de Estado en la cual se celebraba bajo tierra el quiebre de uno que otro japonecito sifrino o de un caraqueño con rial.

Hace años había soñado con ese día. Mi misión: conquistar a Feng Shui Chang, el mayor de la dinastía y próximo heredero de una cadena sucesiva de estafas. Shuito, como le decían por cariño, se parecía a Jackie Chang – primo de la familia – pero más joven y más viril. Las tendencias postmodernas habían influencia el punto fuerte del linaje y victima de la tendencia, el metrosexual macho sería Feng Shui Chang.

Debí apostarle y enfrentarme a todo. Me compré el mejor vestido del Cementerio – populoso mercado -. Un rojo sangre adornaba la figura, una abertura a media pierna tornearía el muslo derecho y el ruedo del vestido acariciaría los tobillos, los tobillos que fácilmente se habían acomodado en par de sandalias de 10 cm de alto. El famoso Feng Shui debía ser mío.

Era un jueves de principios de febrero, un jueves silente como los días en los que se intuía que los Chang tenían parranda asesina. Llegar al sitio no fue fácil. La dirección te la hacían llegar el mismo día en un sobre rojo amordazado con cinta negra. Un pequeño croquis - casi en chino - era la pista para descubrir el lugar donde se anidaban los hermanos en tremenda casona. Celebraban la Fiesta de la Primavera, origen que se remonta a la dinastía Shang - la otra dinastía Chang -.

Dos faroles rojos me recibieron en la entrada, y todo era “fu” por doquier. Rápidamente localicé mi objetivo, el heredero de las galletas de la fortuna del más viejo de los Chang se encontraba junto a la fuente, cerca de la mesa de los tequeños y las bolitas de carne. Allí estaba, meneando su trago en las rocas al ritmo que el meñique alzado le indicara. Y en su boca un desfile de palillos victimas del buen apetito de Shuito. Localizado el objetivo, abrí pasó entre los sudorosos chinos.

La competencia era ardua para conquistarlos, los Chang eran ordinarios pero malos - muy malos – y también terriblemente adinerados. Así que hasta la hermanita quería ligarse al hermano, ya que según la tradición Chang las mujeres no tendrían acceso ni a una sola galleta de la fortuna. Comenzada la fiesta, reggaeton en cornetas, un juego de balas puso son a la noche apareciendo Trapito alsol y Pata e’ palo reclamando lo suyo. Sí, lo suyo. Los susodichos eran empleados de los Chang. Mesoneros en el negocio y matones de rutina. Pronto se desató la balacera y unos cuantos chinitos quedaron fríos en la plancha.

Armado el zafarrancho- tradición en la compañía - sillas, mesas, copas, faroles, galletas de la fortuna volaban estrellándose entre las balas, mujeres arriba, pantaletas en rodillas, puertas abajo, se desplomó la mafía con la que se descubrió un arsenal de vaselina. Detrás de la gran puerta furama se encontraba el clandestino negocio de los chang. En el centro, justo en la tarima, una gigantografía vendía a la odalisca china con manzana de adán. El negocio, prometedor ciertamente, era el Prostíbulo de los Hermanos Chang. Y Feng Shui la bailarina más cotizada de toda la dinastía.


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LA ECUACIÓN DEL PERICO

Joaquín Ortega



“La caña y la droga no echan a perder a la gente, sino al revés”
Guido Puche



Con el fin de enaltecer las nuevas relaciones geopolíticas entre Bolivia y Venezuela -por si no lo sabían todos los cultivos de coca que se deforestaron, durante diez largos años o más, van a ser resembrados con dinerillo venezolano- y con el simple objeto de que la gente sana le diga “¡sí a la vida!” traemos éste breve manual de ecuaciones para que sepan cómo es la cosa, esto es: salvar vidas, terminar noviazgos, reflotar matrimonios, interponer denuncias, pegar la carrera o llevar la fiesta en paz.

Con ustedes la ecuación:


Perico más bowling: bueno
Perico más metras: malo

Perico más artritis: bueno
Perico más Parkinson: malo

Perico más whisky: bueno
Perico más Red Bull: malo

Perico más piscina: bueno
Perico más playa: malo

Perico más liberalismo: bueno
Perico más comunismo: malo

Perico más Conny Méndez: bueno
Perico más Araceli Egea: malo

Perico más Deepak Chopra: bueno
Perico más Paulo Coelho: malo

Perico más Cirque du Soleil: bueno
Perico más teatro callejero: malo

Perico más bar: bueno
Perico más gimnasio: malo

Perico más aire acondicionado: bueno
Perico más camionetica: malo

Perico más Universidad Metropolitana: bueno
Perico más Universidad Santa Rosa: malo

Perico más jazz: bueno
Perico más reguetón: malo

Perico más una jeva: bueno…siempre y cuando ya estés en erección
Perico más dos jevas: malo… porque siempre terminas mirando

Perico más Pico El Águila: bueno
Perico más La Guaira: malo

Perico más psiquiatría: bueno…take a look at our VicePre…You know what I mean
Perico más pediatría: malo

Perico más ascensor: bueno
Perico más escaleras: malo

Perico más monte: bueno
Perico más ron: malo

Perico más TV por cable: bueno
Perico más TV nacional: malo

Perico más Armani: bueno
Perico más Dorsay: malo

Perico más dólares: bueno
Perico más intis: malo

Perico más Feng Shui: bueno
Perico más santería: malo

Perico más frosty: bueno
Perico más BonIice: malo

Perico más Church’s Chicken: bueno
Perico más Hermanos Riviera: malo

Perico más poker: bueno
Perico más truco: malo

Perico más proteínas: bueno
Perico más carbohidratos: malo

Perico más Newsweek: bueno
Perico más Vea: malo

Perico más vianda: bueno
Perico más lonchera: malo

Perico más Jack’ s Snacks: bueno
Perico más mango con sal en bolsita: malo

Perico más OZ: bueno
Perico más Retén de Catia: malo

Perico más consomé: bueno
Perico más crema: malo

Perico más Rave: bueno
Perico más verbena: malo

Perico más corrida de toros: bueno
Perico más manga de coleo: malo

Perico más Hotel Tamanaco: bueno
Perico más Hotel Bruno: malo

Perico más postgrado: bueno
Perico más guardería: malo

Perico más paintball: bueno
Perico más ajedrez: malo

Perico más busca minas: bueno
Perico más solitario: malo

Perico más Stratego: bueno
Perico más Candy Land: malo

Perico más museo: bueno
Perico más ministerio: malo

Perico más democracia: bueno
Perico más dictadura: malo

Perico más TSJ: bueno
Perico más AN: malo

Perico más argentino: bueno
Perico más chileno: malo

Perico más masajista: bueno
Perico más quiropedista: malo

Perico más portugués: bueno
Perico más árabe: malo

Perico más Power Point: bueno
Perico más pizarrón: malo

Perico más cuaderno de dibujo: bueno
Perico más agenda electrónica: malo

Perico más Lacoste: bueno
Perico más cocodrilos: malo

Perico más presidencia de EUA: malo
Perico más presidencia latinoamericana: peor

Perico más club de leones: malo
Perico más club de los tigritos: bueno

Perico más sábado sensacional: malo
Perico más alo presidente: peor

Perico más Finding Nemo: bueno
Perico más Anaconda: malo

Perico más Halloween: bueno
Perico más Paradura del Niño: malo

Perico más Lorne Green: bueno
Perico más Steve Irwin: malo

Perico más Evil Knievel: bueno
Perico más Popy: malo

Perico más timbal: bueno
Perico más trombón: malo

Perico más “un, dos tres pollito ingles”: bueno
Perico más “el escondite”: malo

Perico más Excelsior: bueno
Perico más Quinta crespo: malo

Perico más sala de edición: bueno
Perico más sala de emergencia: malo

Perico más gerente de TV: bueno
Perico más Productor Nacional Independiente: malo

Perico más chino: bueno
Perico más japonés: malo

Perico más Weber: bueno
Perico más Marx: malo

Perico más raspado: bueno
Perico más barquilla: malo

Perico más ducha: bueno
Perico más baño con tobo: malo

Perico más silabario venezolano: bueno
Perico más Cat In The Hat: malo

Perico más House of The Dead: bueno
Perico más Mario BROS: malo

Perico más Páez: bueno
Perico más Bolívar: malo

Perico más coleto: bueno
Perico más escoba: malo

Perico más horóscopo: bueno
Perico más Caracoles: malo

Perico más Kárate: bueno
Perico más Tai Chi: malo

Perico más dados: bueno
Perico más tragaperras: malo

Perico más Ávila Mágica: bueno
Perico más Parque del Este: malo

Perico más metro mercado: peor
Perico más C.C. La Lagunita: bueno

Perico más Keynes: bueno
Perico más Schumpeter: malo

Perico más Samuelson y Nordhaus: bueno
Perico más Fischer y Dornbusch: malo

Perico más Libro del Mormón: bueno
Perico más Corán: malo

Perico más Von Daniken: bueno
Perico más Richard Bach: malo

Perico más J.J. Benítez: bueno
Perico más Rafael Sylva Moreno: malo

Perico más guillotina: bueno
Perico más tijera punta roma: malo

Perico más Tarot: bueno
Perico más runas: malo

Perico más Speed Stick: bueno
Perico más Aquamarine: malo

Perico más Davidoff: bueno
Perico más Quórum: malo

Perico más tarjeta de debito: bueno
Perico más cesta ticket: malo

Perico más gelatina: bueno
Perico más laca: malo

Perico más J.F.K: bueno
Perico más Maiquetía: malo

Perico más Rawls: bueno
Perico más Habermas: malo

Perico más Freud: bueno
Perico más Lacan: malo

Perico más Carnap: bueno
Perico más Quine: malo

Perico más peine: bueno
Perico más secador: malo

Y perico más hermanos Chang: bueno


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CONEXIONES

José Javier Rojas


A James Burke y el programa Dimensión, por los muchos favores recibidos



Feliz primer aniversario a todos los consecuentes clientes de los Hermanos Chang… Gracias por su preferencia y felicidades a todos por los destacados logros conseguidos sin zancadillas en el año que recién comienza sin mayores trancazos, gracias a Dios.

Me tranquiliza saber que, con todas nuestras diferencias y cuentas atrasadas por cobrar, puentes, brazos y salarios caídos, siempre podemos estar de acuerdo con que Kalimán, El Enmascarado de Plata, Batman, el Capitán Centella, Kolchack, Godzilla, Ultramán (¿alguien recuerda a Ultrasiete?), Namor, Tony Starck, Thor, Stan Lee, Quino, Mortadelo y Filemón, Asterix y Obelix, el Be-Bop, Dizzy, Celia, Bola de Nieve, Monk, Palmieri, Héctor Lavoe, los Titos, los Toyotas, los Hot Wheels, los aviones Matchbox para armar, Blade Runner, Billy Wilder, Roger Corman, Poe, Vincent Price, Tim Burton, Murnau, Hesse, Santana el músico, Santana el dramaturgo, Cabrujas, Chocrón, Chalbaud, Garmendia, Raúl Amundaray, Amador Bendayán, Henry Altuve, Renny, Delio Amado León, Adolfo Martínez Alcalá, Lázaro Candal, Zapata, Aldemaro, el pavo Frank, los perros de Filipo, las frías del León, las merengadas de Crema Paraíso, el Canal Cinco antes y Vale TV ahora, la chicha del rectorado, los batidos del Cubanito, las papitas de Taxco, el chicharrón del Junquito, Domingo Hoy, Marisela Bonilla en RadioDifusora, el OcioesNuestroNegocio, A Toque, Síntesis, La Música que Sacudió al Mundo, la VideoJockey, La Gaceta Lunar, Julio César Venegas III, la radio del Ateneo, el Idioma del Jazz, Cápsula de Placer y El Rock No Tiene la Culpa (para los de Valencia y Maracay), el ProgRock por más que lo insulten nunca el NüRock por más que lo promuevan, Rush y los grupos inspirados por Rush, Ozzy electrizante o balbuceante, el zapping, Zappa, el Zippo que todo lo prende, Fedra López cuando la Rumba Flamenca nos batuqueaba la bragueta, (las vallas de) las Chicas Polar, Señor Cine, 100 por ciento Venezuela, Lumute, Menéndez Bardón, La Entrevista de Hoy con Pedro Berroeta, el Maccsi o el Macc o como le pongan, la Mac como la pongan, Fleetwood Mac, Alfredo Escalante y el Capi hermanos como sea, el velcro, el teflón, la lycra, el DVD, You Tube, las galletas Oreo, el Pirulín, Silvia Saint, Betty Page, el asterisco 911, los libreros sureños, los heladeros haitianos, los panaderos portugueses, los taxistas canarios, los mariachis cucuteños, los blogueros que se hacen pasar por chinos, Tin Tán, las guayaberas, los pen drive, los pendejos de la marcha de los pendejos, Jesús Rosas Marcano, Emilio Lovera, Charles Barry, Don Arturo Calderón, Don Tomás Henríquez, Don Corleone, De Niro, Pacino, Francis Ford Coppola es tan buen director que convenció a todos que su hija es buena directora, Scarlett Johannson sí es y está buena, Dakota Fanning es todavía mejor, las kindergarterinas, las enfermeras, los bomberos y rescatistas, Fe y Alegría, La Guaira indestructible por reconstruir, el tren nacional por construir al fin está en marcha, las panelitas de San Joaquín, la fruna, el amakakeru-riuinoi-jirameki, el kame-kame-ja, los rayos fotónicos, la Corporación Linterna Verde, Cálico Electrónico, Musamán, los músicos de las orquestas juveniles, el Rajatabla, el Drugstore, MataeCoco, el Julius, el Lobster, la Mosca, Paul McCartney, Bruce Lee, Jimi, Denzel, Spike Lee, Al Gore, el demócrata Don Juan Carlos de Borbón con sus autonomías, el amigo de todos Hugh Heffner con todas sus mamis que ya quisiera yo fueran mías, la sábila, el pescado frito, las empanaderas del ferry, Choroní, Morrocoy, el pequeño Larousse, la Wikipedia, el microondas, HBO, la columna de opinión de la primera página del Cuerpo C, Victoria´s Secret, el wonderbra, las orientales, las merideñas, las caraqueñas, las maracuchas, las llaneras, las costeñas, las andinas, las caleñas, las brasileñas, Adriana Lima, las limeñas, el chupe, las chicas checas, los San Ruperto, los zapatos de goma, las hallacas, las gaitas colegiales, el queso telita, la cocada, Skype, FireFox, la Pantera Rosa, el SuperAgente 86, Mel Brooks, James L. Brooks, los Simpsons, los grados de separación de Kevin Bacon, la tocineta en cualquiera de sus advocaciones, un juego en extrainning en el estadio viniendo de abajo, los besos furtivos abajo con lo suegros durmiendo arriba, los amaneceres empiernados, las piernotas de las primas, los sobrinitos abriendo regalos, Navidad en familia y no regados, la Maizina Americana, los Walkman que ahora se llaman IPod y cuestan el triple de lo que costaba un equipo de sonido hi-fi de melómano sibarita, el ponche que hago y regalo, el pan de jamón, Aquiles Nazoa, Año Nuevo jodidos pero en Caracas y las listas de fin de año para resolver compromisos editoriales de comienzo de año son lo máximo.

Mientras tengamos eso claro, lo más importante, una base común para entendernos bien y poner en orden nuestras prioridades, nos podemos poner de acuerdo en lo que sea. ¿No les parece? "Creemos en Yoko y en nosotros", y de ahí en adelante, pa´lante, Dios mediante…

Felicidades a todos, en serio, para variar.

PURO CUENTO CHINO

María Dolores Torres




A eso de las 7 de la noche del 18 de Febrero de este año, después de haber tumbado a palos una piñata en forma de lumpia llena de galletitas de la suerte, los hermanos Chang, al son de “Ay que noche tan pleciooooosa…, entonada por sus colaboradores, empleados y familiares, soplaron a dúo la única vela del pastel. Una vela china de cera y jade.

Entre los asistentes, no faltaron púberes eternos que les aplastaran la cara a los homenajeados contra la torta. De todos modos nadie iba a comer una torta china y mucho menos lamerle la cara unos chinos embadurnados. Además “borracho no come dulce” y la cariñosa señora Chang (casada con el hermano del padre de los chicos, o sea la tía política de los muchachos) se había encargado de inyectar baijiu a todas las frescolitas de los invitados, mientras el tío Chang pasaba bandejas con cigarrillos de maliguana, diciendo que era buena para el estleñimiento.

La fiesta fue un éxito y todo el mundo salió contento preguntándose cuáles serían los próximos negocios de los ocurrentes hermanos. ¿Panadelía china?¿Bistló chino? ¿Sushi chino? Tendlemos… digo, tendremos que esperar.

Pero vayamos hacia atrás, hoy es un día especial y quiero contarles la verdadera historia de los hermanos Chang. Las hermanas, según algunos chismosos, no son sino ellos mismos cuando les da por el transvestismo incógnito, cosa que les empezó a ocurrir desde que fueron al cine por primera y única vez en su vida, como regalo de quince años, a ver “Adiós a mi concubina”. (Es importante resaltar que la Onidex no tiene registro del ingreso de las chinas en el país y en la casa de los Chang, en China, nunca encontré fotos de niñas).

Para empezar, los verdaderos nombres de estos chicos son Fèi Dào Xīr y Hé Sài Chang . Nacieron en Guiyang, capital de la provincia de Guizhou , en el seno de una familia humilde. Ambos progenitores trabajaban en una destilería de baiiju, de la cual sacaban dos botellas todas las noches para que los chicos pudieran dormir noqueados y no sentir los sonidos del estómago vacío, ya que en casa no había dinero ni para costillitas de gato callejero.
Dijeron algunos vecinos que los chicos ya venían medio raros de nacimiento. Eran gemelos –algunos dicen que siameses- y les faltó oxígeno en el parto, o sea que venían desnutridos de cerebro y barriga.

Al llegar a la pre adolescencia, los pobrecitos, tratando de ayudar a sus padres y de comer una lumpia, o al menos fumársela, cometieron un error grave en su primer delito: asaltaron a Lin Shusen (gobernador de turno de la provincia) para quitarle la bicicleta montañela en la que iba de regreso a su casa la noche del crimen. Tras dos meses de prisión, fueron vendidos en calidad de esclavos a un visitante del gobierno de la recién nombrada República Bolivariana de Venezuela, que quién sabe qué negocio sucio estaba haciendo con el gobernador.

Este individuo los trajo a Venezuela pero los calicitos escaparon a la semana de estar preparando arroz, barriendo el recién adquirido pent house del funcionario y su esposa (de los cuales los chinitos nunca supieron los nombres, porque no entendían ni papa de español, pero sí vieron en la televisión que trabajaban en la asamblea nacional) y haciendo teatro chino en las extrañas reuniones nocturnas que sus amos celebraban en casa con sus amigos de partido. Antes de escapar, los muchachos tomaron algunas cositas de bolsillo: unos relojes con una coronita, anillos con piedras brillantes y unas menudencias en billetes de papel verde con la cara de un viejo peliblanco.

Deambulando por las calles de Caracas, llegaron al Dragón Verde y allí les cambiaron la mercancía por una tarjeta Multiphone de veinte mil bolívares. (Chino que roba a chino, tiene mil años de peldón). Pidieron prestado el teléfono y llamaron a sus padres.

Contestó una vecina quien les informó, sin mucho adorno, que ambos se habían suicidado con una sobredosis de veneno para ratas cuando supieron que el gobernador había vendido sus muchachitos a un extranjero.

Los Chang no se inmutaron, simplemente se miraron con cara de “qué coño vamos a hacel ahola”. (Chino que se respeta no muestra emoción, plimelo muelto).
Pero la vecina no sólo les dio esa mala noticia. También les informó que un tío los andaba buscando desde que supo que los habían traído a Venezuela. Este tío, hermano menor del padre, no era otro que el actual jefe de la fracción venezolana de la Sun Yee On y los estaba esperando en su casa de Prados del Este, justo al lado de la embajada, para darles cobijo y comida de verdad, o sea, comida china.
El dueño del restaurante les pagó un taxi y los bendijo para que tuvieran suelte. (Aún no duerme esperando la venganza del tío Chang).

Al día siguiente de haber llegado a la casa del tío y después de un buen atracón de Chow Mein, Lou Mein, Chop Suei y demás platos impronunciables, los guardaespaldas del tío los llevaron a una clínica privada donde les hicieron cirugía reconstructiva de la cara y un tratamiento dermo estético cromático para cambiar el color de piel, receta, al parecer, robada a Michael Jackson.

Durante la semana en la que estuvieron en recuperación, les arreglaron papeles nuevos, con nombres y apellidos criollos normales (bueno, medio normales) con un gestol bolivaliano y los metieron en clases intensivas de español con un sobrino de Uslar Pietri venido a menos. El tío decidió ponerles apellidos diferentes ya que así, si algún policía honesto atrapaba a uno, no identificaría al otro.
Apenas pudieron medio parlotear en criollo, el tío Chang los puso a trabajar en cuanto negocio raro se le iba ocurriendo para lavar el dinero del tráfico de peluquelas chinas.

Los pobres hermanos Chang, no quisieron perder su identidad oriental ni la posibilidad de adjudicarse los éxitos de los negocios que abrirían, por eso utilizaron sus nombres criollos para hacerse pasar como (y que) testaferros de ellos mismos, con la intención de que sus lectores y contribuyentes no pensaran mal, o sea, para que no dijeran que les habían dado cédula venezolana falsa con tal de que votaran rojo rojito. Y la verdad es que con la operación se ven muy poco chinos. Nadie sospecharía de ellos si no fuera por el intercambio, tanto oral como escrito, de R por L, cigálo y alóz, que aún no pueden contlolal.

Este mes cumplen un año de haber abierto el primer negocio para el tío, aquél taller mecánico que desvalijó a más de uno dejándole sólo la carrocería y los cauchos.
Hemos tenido la suelte de seguil tlabajando y ganando leal sin sel detenidos polque en este país la justicia no silve pala nada. Glacias a Dios. Eso nos favolece– dijeron al unísono, con aquellas caras duras chinas acriolladas y sonriendo maliciosamente.

Este mes celebraron con piñata y todo, para agradecer a los colaboradores ad honorem que han reclutado durante todo un año y sin los cuales no habrían podido comprarse un leloj con colonita cada uno (y ya saben que se llama Lolex), para recordar siempre su origen humilde y a sus padres muertos. Además están negociando con el gobierno, utilizando los contactos de su antiguo amo y hoy empleado, el regalo de agradecimiento que le quieren dar al tío para que realice cómodamente su negocio de Peluquelas y otros varios de dudosa legalidad: el título de propiedad del Aeropuerto Caracas sin aduana.

¿Cómo lograron todo esto en tan solo un año?

¡Sigan creyendo que la revista es GLATIS! Lo que ustedes no saben es que en China se venden millones de ejemplares impresos traducidos a varias lenguas locales. Yo misma los vi. Están en todos los kioscos de periódicos. Los chinos y las chinas se matan el día en que sale cada nuevo número. Dicen los Chang que es una manera de contribuir con la superpoblación de su tierra natal.

Nos metieron chino por LIEBLE.

ACLARATORIA: Toda la información que aquí les presento es fidedigna. O sea, no me la contó una señora que tiene una amiga casada con un militar de Fuerte Tiuna. Ha sido recabada con el sudor de mi frente para entregar la tarea de Reportaje asignada por mi profesor de Literatura de NO FICCIÓN, Rafael Osío Cabrices. Tuve que aprender chino para poder entrevistarme con ellos, sus tíos, la vecina, el gobernador y todos aquellos que pudieron darme datos de la vida de los muchachos. Esto que les ofrezco hoy como abreboca, es sólo el prólogo de mi nuevo libro, aún sin publicar:


¿Bujía, espagueti o ataúd?
Con los chinos nada es casualidad

(Subtítulo tomado prestado de la lista de R.Echeto)

SOBRE UNA RUMBA... OTRA MÁS

FÓSFORO SEQUERA


Las bronceadas pailas se encuentran justo en el medio del escenario, llamando la atención por su dulce brillo, aguardando el momento de entrar en acción, de poder soltar toda la cadencia cuando las baquetas, sables de madera que sirven de telégrafo sonoro, hagan el necesario contacto con el metal y cuero del timbal para producir parte del ritmo.

Un, dos, tres….el director marca el compás y la banda arranca. Baquetas en mano, me incorporo al ritmo marcando la cáscara, buscando siempre estar en la clave, eterna regidora del sonido afrocubano que dicta con sus golpes el sentir de un tambor. Poco a poco, las parejas comienzan a desfilar hacia la pista de baile para destilar todas sus emociones, para comenzar e cortejo y poder mostrar los movimientos cadenciosos preparados o improvisados, pero cargados de sabor particular de cada cual.

Los bailadores comienzan a apretar cuando el mambo llega, y nosotros, músicos rumberos, vivimos un festín diferente al de las parejas que dibujan trazos con sus pies pincelados sobre la pista. Allí empieza lo bueno, la rumba nuestra, la descarga que nos eleva cuando se invocan los sonidos ancestrales que suelen surgir de una conga humeante y sonora, de un timbal afincado en la sazón de palmeras y aguas del caribe, de un bongó que, en contrapunto, ad limitum, responde llenando los espacios que pudiesen quedar vacíos.

Ahora sí, la hora de echar llega, el momento que más esperamos, el que más gozamos, donde se arma una rumba sobre la otra rumba que se lleva a cabo en aquel salón. La conga da inicio a la descarga festiva. Las manos del conguero se confunden con el cuero templado cada vez que lo golpean, como si el mismo espíritu de Chano Pozo surgiera en medio de las congas y tumbadoras para marcar el camino que la primera descarga ha de tomar, donde los sonidos se abrazan a la clave para hablar en un lenguaje mestizo. Un grito de “¡Bravo, conguero!” anima al responsable de los tambores mayores, logrando que sus manos multipliquen los tapados, palmas y abiertos contra el noble cuero. Mis baquetas mantienen el fuego encendido sobre la campana, llevando el ritmo. Propósito cumplido del conguero. Va uno de tres.

El turno le toca al bongosero, quien ya se ha despojado de su campana de mano para volver a la silla y repartir las encomiendas que tienen como destino el macho y la hembra del sonoro bongó. Sus manos vuelan de manera rasante sobre los pequeños tambores, soltando las ráfagas que se propagan por todo aquel espacio dispuesto para el goce. De menor duración que la primera, la segunda descarga cumple con su dosis de sabor. Luego, cerrará el timbal.

Tumba y bogó vuelven al ritmo, abriéndome el espacio para dejarme hacer lo mío. Es mi tuno, no puedo fallar. Disparo mis primeros baquetazos a la hembra de mis pailas, la más ruidosa, la que colorea los abanicos y avisa la entrada. Las figuran van saltando con cada contacto de las baquetas con el estirado parche. Sigo en clave. Las banderas del sabor ondean con cada sonido liberado, son mensajes que van escritos a través del aire que se corta con cada movimiento. Repiques ascendentes logran meterme en trance, no hay nada que pueda colocarme fuera de clave. Allí voy echando, afincado en la tradición, batallando contra el vértigo que transpiran mis manos, combinando baqueteos con redobles y acentos de lado y lado. Así transcurre, así se vive frente a las pailas en una descarga, con intensidad, con ritmo, de lo contrario, nada que ver.

La seña viene rauda, fin de la descarga. Hay que cerrar el tema. Los aplausos no esperan para hacerse presentes. Los responsables de la percusión nos miramos las caras y el gesto es de aprobación, más bien de satisfacción, diría yo. Nos damos la mano de manera cordial y grata, mientras el resto de la banda cambia los papeles de los atriles para el próximo tema..

A lo lejos, justo en la puerta, un par de siluetas humanas, misteriosas, con maracas y claves en sus manos hacen un gesto de aprobación con sus cabezas. Lentamente, como haciendo un cálculo de cada paso a dar, se van acercando hacia donde estamos prestos a seguir con la actuación. Al llegar a la tarima, una extraña sensación se fue apoderando de quienes ya los conocíamos. Sin embargo, todo volvió a la normalidad cuando escuchamos su petición:

-Helmanos Chang de anivelsalio. ¿Selá que nos dejan descalgal con ustedes?

MEMORIAS INCONCLUSAS

Santiago Zerpa




"Llevo dos horas mirándome al espejo, y puedo decir sin ningún remordimiento que me doy asco.

La persona reflejada nunca cambia por más que lo desee, así que evito observarme cada vez que puedo.

Aunque he rebajado 13 kilos en un mes, todavía estoy gordo.

¿Pero qué digo? ¿Gordo? Obeso es lo que estoy. Una asquerosa bola de grasa que camina por ahí… como me detesto.

Ciertamente es patética mi apariencia, y por eso estoy intentando cambiarla.

Delgado, ser delgado es lo que más deseo.

Probé con dietas y todas fracasaron, las pastillas son simplemente placebos.

Me deprimía más y más cada vez que fallaba con adelgazar.

Hasta que descubrí un método más sencillo y efectivo.

Mis padres no sospechan nada, y no tienen por qué saberlo. Simplemente con decirles que estoy en una de mis tantas dietas es suficiente para ellos. Qué idiotas son.

Claro que yo también tomo precauciones, como limpiar el sanitario y mis zapatos de salpicaduras, y fingir disfrutar la comida frente a ellos.

Mis dientes empiezan a debilitarse, pero no importa. Nada importa con tal de ser flaco, de ser aceptado. Sé que puedo soportarlo, y volver a comer cuando me sienta cómodo con mi cuerpo.
Pensándolo bien, creo ser el único hombre que hace lo que hago actualmente. La mayoría son niñas idiotas que aspiran ser modelos.

Yo aspiro a ser feliz solamente porque me odio."

En ese momento entra al baño una muchacha muy alterada que, llorando, se sienta en el piso.

__________


"Estoy como loco buscando las llaves del carro.

La ceremonia es dentro de dos horas y recién me estoy levantando. Aparte de eso no encuentro los zapatos.

No recuerdo mucho de la noche anterior.

Sé que estábamos en el club tomando y celebrando mi despedida de soltero, cuando de pronto esa bella rubia que bailaba en el tubo se acerca hacia donde estoy.

Comienza a quitarse la ropa…aplausos… licor… gritos de emoción… más ropa… más licor… ella sobre mí… licor… licor… y ya, eso es todo lo que recuerdo.

Al parecer me acosté con ella por los condones que encuentro alrededor de la cama.

¡Coño, no puede ser!

¡Dios mío, que Marta no se entere por favor!

Y justo hoy, el día en que me caso.

¿Cómo pudo pasar?

Bueno, menos mal que esto no lo sabe nadie.

Iré pidiendo un taxi."

__________

"Mi 'cliente' está muy retrasado, y ya me estoy fastidiando de andar esperándolo.

No conozco a ninguna de las personas que se encuentran en este lugar, y creo que empiezan a sospechar que no fui invitado.

La comida es pésima… No sé cómo pueden servir cosas tan malas en una boda.

Y ni hablar de la música.

Aparte de eso, todas las mujeres buenotas tienen novio, y sólo queda una que otra gordita.

No puedo tomar nada porque consumo antibióticos, así que se puede decir que estoy completamente jodido y sin nada que hacer.

Doy un par de vueltas. Miro mi reloj.

Recorro el lugar una vez más, y noto que hay algo debajo de la mesa principal.

Un DVD… qué extraño. ¿Qué hace una película en ése lugar?

Quizás era algo programado para después, pero el fastidio y la curiosidad se apoderan de mí.
Decido quitar ese tormentoso karaoke y poner el recién encontrado video."

__________


"Desgraciado, infeliz. ¿Cómo se atreve a dejarme por esa puta?

¿Cómo pudo terminarse lo de nosotros?

Y todo sucedió frente a mí. ¿Es que acaso no le importaba un coño nuestra relación?

Aquí, en plena celebración, el carajo viene y empieza a zamparse a esa zorra.

Lo que me provoco fue saltarle encima e esa pedazo de… Pero claro, tuvo que venir Sonia a agarrarme. Seguro me vio la cara de cuaima y corrió a donde estaba.

Y mírame ahora, sentada en el baño llorando por ese miserable.

Cinco años juntos, ¡CINCO AÑOS!

Dijo que iba a casarse conmigo, que tendríamos tres hijos… muchos planes para nada. Qué estúpida fui.

¿Acompáñame a bajar, sí? Necesito tomarme un trago antes de hablar con él."
__________


"Qué bueno que al fin llegaste, detective. No vas a creer lo que pasó.

Tres heridos, un muerto y un traficante todos en el mismo lugar.

Una belleza de boda, ¿verdad?

Los heridos son la novia, un joven y una muchacha.

A la novia le dio un infarto segundos después de ver un video. No se sabe qué fue lo que vio por que el padrino agarró la película y salió huyendo.

Al joven y a la muchacha los atacó otra mujer. Supuestamente era la novia del sujeto pero no estamos seguros.

El chico tiene una cortada profunda en la cabeza y la chica solo un par de contusiones.

Menos mal que agarraron a la agresora a tiempo, por que iba a terminar matándolos a los dos.

Y hablando de muerte… el joven que falleció fue hallado en el baño.

No, nadie lo mató.

Parece ser que murió de inanición, pero investigamos la posibilidad de un paro cardíaco.

Según los forenses llevaba tres semanas sin comer.

Lo hubieses visto, el pobre pesaba tan sólo 40 kilos y eso que tenía dieciocho años de edad.

Por último, quiero informarle que apresamos a un traficante de drogas que estaba entre la multitud.

Fue pura casualidad encontrarlo, ya que se encontraba escondido entre los arbustos.

Al parecer esperaba a un cliente que nunca llegó. "

________


"Estamos bien jodidos Marcos, lo he perdido.

No, el pasaje a Cancún no, me refiero a lo otro…

Lo siento, lo siento mucho, no sé donde lo dejé. Sé que lo escondí en una parte pero no recuerdo donde.

Sé que soy un idiota… ¡AGRRRH! No me golpees.

Lo encontraré. Te juro que lo encontraré antes de que Marta lo vea.

Sé que no te acuerdas porque estabas borracho, pero la idea de filmarlos fue tuya, así que no empieces a culparme a mí.

¡No, no! Perdón, si fue idea mía. ¡Deja de golpearme...! Mierda ya empecé a sangrar.

Te he dicho mil veces que la nariz no, que es operada.

Mira el sangrero, coño…

Ya, ya está. Diez minutos boca arriba y se me quita. ¡Mira cómo me quedo el pañuelo!, y eso que era nuevo. "

______


"Por cierto, ¿Notaste que acaban de quitar el karaoke? Me pregunto por qué…"

LA NOCHE AQUELLA...

Maria Eugenia Gil


Era casi invierno y día de brujas. Me llamó Carlos por teléfono y me dijo:

-Vístete, que esta noche hay fiesta en el “bar mexicano” de las 76 con York, pero no te pongas ninguna máscara pues no podremos reconocerte.

Pregunté:

-Vaya invitación tan simple, ¿quienes son los otros?

-¡¡¡Te tengo una sorpresa que viene de España!!!

Habían pasado muchos años desde la última vez que había visto al Boris. Luego de su exitazo con “crónicas marcianas”, en donde “pelaba el rabo” cada 15 minutos, venía a N.Y. dispuesto a comerse el mundo y, ¡con marido del brazo!

Al verlos, a Rubén y a él, sentí ese cariño que no se disipa ni empaña aún con el más helado de los fríos nuyorkinos; más aún, sentí esa complicidad del que no habla por la emoción del entendernos “por siempre” y una gran sonrisa guasona y un abrazo profundo ya lo dicen TODO. Me dije: "¡Já, esta noche nos divertiremos!".

Sabía, apenas ver sus caras, que de antemano habían planeado LO bueno, alguna aventurilla de Halloween, no sólo en colores naranjas y negros, por decir lo más pictórico, si no que la diversión sería algo más “underground” y salvaje, y lo más importante: coexistirían, el humor, la alegría, la carcajada y “El Glamour”, obviamente, brazo a brazo con los disfraces “tan divertidos y originales” de los gringos, los platos súper aliñados de fríjoles-refritos mezclados con cebollas y ajos mexicanos, la ladilla del serpentinero, globos a reventar y papelillo (del que hace daño en los ojos, pues no es el de papel sino de plástico y puede hasta malograrte), y el “humo-especial” contratado por la cantina para el evento aquelárrico.

Eran las 11:40 p. m. quizás cuando aquello comenzaba finalmente a ponerse bueno, y ya nos habíamos tomado todas las MARGARITAS y TEQUILAS posibles de aguantar sin que ninguna idea “algo desproporcionada” reventara desde nuestros “ÍNTIMOS”; así que a Carlos, luego de habernos contado entre nosotros hasta el “futuro X venir”, se le ocurrió brindar por ellos y por nosotros y por la vida y ese gran etc. que sólo se escucha en los BOTIQUINES de moral y reputación distraída. Y es que un Bar no es lo mismo que un Botiquín; en éste último CAMPEA lo prohibido, lo sórdido, la tragedia, lo absurdo, lo inaudito y la comedia. Menos mal que aquella noche nos tocó la parte jocosa del lugar, y lo que se nos desgarró no fue el pecho sino la boca de la risa.

Decía pues que Don Carlos, a lo mero mexicano, decidió brindar y luego pasó a encender una vela que reposaba sobre la mesa. Faltó mencionar que para la ocasión, al techo le habían confeccionado una especie de “repujado en nido de avispa” pero con globos de helio, monísimo, y los miles de hilitos que de ellos bajaban tocaban casi nuestras cabezas o más abajo. El final de todo fue que de golpe y, como rayo, unos de los hilos cogió fuego, subió hasta el globo y zuassssssss, al segundo el techo se transformó en un cielo rojo, rojo granate, como una lengua en llamas de relámpago oloroso, algo rarísimo. Adentro todo era confusión, gritos, caos y un peo del otro mundo.

Recuerdo que pude llegar hasta la puerta reptando sobre mis brazos y que el humo negro allá no llegaba. Cual sería mi sorpresa cuando justo al intentar ponerme sobre mis pies, alguien me haló y me dijo al oído:

-Maru, dejemos este garito, vámonos a otro lugar, algo más trendy, algo más BAR, jajajajaja.

-Si Boris, contesté, vayámonos YA. ¡Corre! Jajajaja.

HANDYCAM

Javier Miranda-Luque




—En mi familia las mujeres no se divorcian: ¡se quedan viudas, carajo!

Demasiado cerca para mi gusto, me inquieta la cara de sable de mi cuñado el militar –en close up extremo sobre mi rostro– empañando mis lentes astigmáticos, durante la fiesta de mi matrimonio con Edith. Y la verdad es que yo no había reparado en la vaina, pero las tres hermanas de mi mujer enviudaron a los pocos años de casarse. Mis desafortunados exconcuñados habían muerto, siempre, durante un viaje al extranjero, sin evidencias visibles de la existencia de algún jugoso seguro de vi(u)da que beneficiase a las cónyuges sobrevivientes.

Apurando mi tercer whisky, intento aplacar los múltiples reflectores y sirenas de alarma que se disparan en mi cabeza, viendo ahora a mi familia política como una clara y presente amenaza a mi integridad física. Yo era reincidente en los menesteres matrimoniales y quizás eso despertaba inquietudes en mis recelosos cuñados: el militar, el ingeniero, el abogado, el contador y el más simpático, quien gana más que todos ellos juntos, el dueño del taller mecánico.

—Lástima que tú no sabes nada de mecánica, Javier, ni tampoco tienes capital para montarlo, pero éste es un negocio de puta madre. Le ganas a todo diez y veinte veces lo que vale. Pero, eso sí, especialízate en carros importados. Te vas a Alemania, te sacas una certificación del fabricante como taller autorizado, importas tu mismo los repuestos y accesorios, montas una boutique del automóvil al lado del taller, pones a unas carajitas que estén riquísimas para presentarle el presupuesto a los clientes, contratas a un excelente grupo de mecánicos, los entrenas, les exiges mucho, los tratas decentemente y les pagas bien, dándoles tremendo bono de fin de año. Y la cuenta de uno engordando en el banco.

Edith intuye mi turbación y me rescata de su hermano menor, el único que se negó a iniciar estudios universitarios. Con el título de bachiller en la mano, Alberto se metió de cabeza en el Ince y ahora se ríe, al volante de su par de automóviles germanos, de los "titulados y uniformados" de la familia que manejan "carritos asiáticos de juguete".

—Deja tranquilo a mi maridito, Alberto, que él ni siquiera tiene carro.

—No, mi vida, si aquí tu hermano me estaba diciendo que su regalo de bodas es una berlina familiar con dirección asistida, suspensión independiente en las cuatro ruedas y airbags frontales y laterales para el conductor y el acompañante.

—Coño, Javier, me cagas con tus conocimientos de los "bi-em-dábliu".

—Véndenos uno de los tuyos, hermanito, a precio de gallina flaca y con un crédito blando.

—Mira, sistercita, yo con la familia ni compro ni vendo ni negocio ni contrato. Mejor sigan sin carro, que se ahorran un montón de preocupaciones y sale mucho más barato.

Plano general semipicado de la fiesta. Mi flamante esposa y yo nos abrimos paso en la concurrida pista de baile que se va despoblando al son de las baladas.

Rebobinado (¿rewind o flash-back?) al momento en que apuraba mi tercer whisky (ahora campaneo el quinto) y me preocupaba maquinando cómo mantener en la más estricta clandestinidad mis posibles infidelidades futuras, como la que sostendré años después con Anaid (la mejor ¿amiga? de mi mujer y madrina de nuestra boda), hasta que propongo un menage a trois y la farisea esa me manda bien lejos, empatándose con un jubilado de pedevesa, baboso y divorciado.

Anaid es la propia hembra en celo, vagina bípeda, una excitante mamífera de vello púbico poblado sobre su vulva caliente, un prominente clítoris ambulante, una audaz exponente de una doble-moral que te permite tratarla en la cama como a una dócil muñeca inflable y servirte de ella reduciéndola a receptáculo / depositaria de mis urgencias eyaculatorias, pero que no te deja "verbalizar" ninguna de las acciones que emprendes con(tra) ella. Y además suplica, con sus grandes ojos entornados, que bajo ninguna circunstancia vaya a enterarse Xío, su amiguita del alma.

—Aunque nosotras siempre lo compartimos todo, así que por qué no también los maridos. Y nada mejor que marido ajeno.

Corte violento a cámara subjetiva (yo buceándome) las tetas de alguna amiga de Edith y un culo desconocido enfundado en unas pantaletas mínimas que se le marcan perfectamente a través de la tela fría del vestido púrpura, mientras me erotizo bailando con mi esposa "Angie" de los Stones, mezclada luego con la zeppeliana "Escaleras al cielo". Hasta ahí llegan mis aptitudes coreográficas.

Cámara furtiva espiando a Mauricio, en el baño de caballeros, tirándose a Fabiola, una de las damas de honor, quien se muerde la falda del vestido para reprimir sus gemidos, mientras su compañero de cópula arremete con continuos movimientos pélvicos, limitados por los pantalones abajo. La visión cenital del acto resulta hilarante, casi fetichista: ella con la cara semicubierta por el vestido y él con la cola del frac de levita dando latigazos en el aire. El Mau ha ganado la apuesta: hacerlo con una invitada al matrimonio en plena fiesta.

Cámara lenta de los recién casados corriendo sobre las blancas arenas de la playa de Aruba. La cámara gira 360º como en las películas. Es la época del mercado negro de dólares, cuando se asigna $ 4.000 por pasajero en viajes empresariales fuera del país (sin límite pre-establecido de itinerarios) y otro puñado de billetes verdes por viajes personales. Omar y yo, socios en estas lides, llevamos ya un par de meses con este negocito que no durará mucho (media Venezuela -nación de pequeños y medianos empresarios- anda en lo mismo que nosotros): él consigue los inversionistas y yo las empresas y los pasajeros. La luna de miel arubiana es apenas uno de los periplos emprendidos por Edith y quien suscribe, viajeros incansables en sucesivas misiones comerciales a Curaçao, Panamá, Miami y Amsterdam.

Disolvencia de tiempo, meses después, a la hora de almuerzo en el hogar conyugal. Olvidándome por completo de los "buenos modales" que describe en su libro Marisela Guevara, yo hablo gesticulando con la boca llena y el tenedor en la mano.

—Oye, tengo una filmación mañana, de la cuña esa del huevo deshidratado, y no consigo a Angelina Molina para que prepare y maquille la comida.

—Javier, déjame llamar a Evelyn. Tú sabes que ella cocina divino y está pelando ahoritica.

—Yo sé que Evelyn cocina divino y es super-confiable, pero la comida debe tener un look de puta madre para la cuña. Acuérdate que es cine y todos son primeros planos...

Edith me para en seco con la mano derecha en alto. Con la izquierda sostiene el celular que la comunica con su amiga. Juntas son una especie de Abbott y Costello en femenino. Evelyn mide -sin tacones- medio metro menos que mi esposa, imponente con su 1,87 de estatura. Lástima que nunca le interesó el basket.

Contratamos a Evelyn. Las tortillas, pericos, quesillos, tortas, merengues, suspiros, flanes y huevos revueltos quedaron impecables. La cuña, pues, resultó todo un éxito y los consumidores criollos empezaron a comprar el producto como locos, ya que no tenían que refrigerarlo y duraba más y podían llevarlo en las excursiones y es cien por ciento natural, sin aditivos químicos, puro huevo en polvo para gente apurada. Así comenzó una suculenta empresa de preparación y maquillaje de alimentos por encargo, "Tall & Short Catering", cuya denominación comercial honra las características de ambas socias (le íbamos a poner "Alti-Bajos Catering" por jugar con el A-B-C, pero nos decidimos por un nombre gringo, más en sintonía con las tendencias angloparlantes del mercado publicitario).

Sketch de cámara escondida. Plano medio de Edith, vendedor y yo, averiguando el precio de un morral negro discreto y confortable (para llevar la Handycam, el trípode y los accesorios sin acusar nuestra valiosa carga).

—¿Noventa y cuatro mil bolívares cuesta este morral?

—No, veinticuatro mil bolívares, señora.

—¿Noventicuatro mil bolívares? –me toca insistir a mí.

—No, escúchenme bien, por favor. El morral cuesta 24 mil bolívares: dos-cuatro-cero-cero-cero –dibuja las cifras en el aire el vendedor desesperado y puntualiza con cuidado.—Veinticuatro mil bolívares, impuesto aparte.

—Ah, 24.000 bolívares, ahora sí nos entendemos. Tremenda estrategia de ventas, señor. A ese precio hasta podríamos llevarnos dos.

Edith y yo nos reímos del episodio mientras pagamos en la caja. Debimos haber parecido unos locos. El vendedor, que se ganó merecidamente su comisión, cuchichea ahora desde un rincón con sus compañeros de la tienda. Apresuramos la salida, mientras sentimos varios pares de ojos clavados sobre nosotros. Iremos a alguna otra sucursal cuando necesitemos comprar cualquier ítem del ramo.

Corte a plano medio mío, cámara en mano, reflejado en el espejo de mi cuarto. Narro directamente al lente y digo:

—Mi mujer se la está comiendo. Aburrida de sus aventuras gastronómicas, decide competir conmigo en el asunto de la escritura y envía un cuento a la bienal de la Sociedad de Autores y Compositores. Lo irónico es que yo llevo años mandando textos míos a cuanto concurso se me ponga por delante (ensayo, poesía, letras de himnos, dramaturgia claustrofóbica, pornoblogs, lo que sea), sin ganarme nada. Edith queda finalista con lo primero que escribe (así, una noche, de una sola sentada) y aparece publicada en una antología de narrativa breve. HAPPY NO END


http://javiermirandaluque.blogspot.com

TANTA VELA ME DESVELA

Javier Castillo



En vista de que el hombre es un animal de costumbres, entiendo lo difícil que puede llegar a ser cambiar cualquiera de nuestros hábitos; más complicado, si dicha usanza viene arraigada con nosotros desde que somos críos.

Por ejemplo: Un cumpleaños sin pastel… Quizá suene ilógico para quien lo imagine. Hasta aquí, yo estoy de acuerdo, pero lo que no termino de entender, es la razón y el por qué de las velitas incrustadas encima de la torta. ¿A quién se le ocurriría por primera vez prenderle candela a la comida no para cocinarla, sino para establecer una nueva costumbre de celebración?

En nuestra cultura, un pastel con el tope encendido en llamas, es signo de festejo. ¿Quién sabe? quizás se deba al tema del fuego y su pureza y toda esa paja de nuestros ancestros de identificar a la felicidad con los años vividos, pero a decir verdad, a mí, esa explicación no me convence.

Soy partidario de seguir usando el pastel en este tipo de celebraciones, eso sí, con su respectivo licorcito, aunque prefiero una ecuación adversa: Licor como sorgo y una humilde tortica, porque en este caso, el orden de los factores sí que afecta el producto. Pero vayamos al grano, reflexionemos al respecto y decidamos qué es lo más sensato.

¿No es preferible que sobre la torta se coloque un icono cualitativo y no uno cuantitativo, como es el caso de las velitas?

La cantidad de luces solo se celebran hasta cierto punto de nuestra vida, después y a medida que transcurren los años, por muchas razones, la mayoría opta por colocar una sola sobre el pastel. Esto le da fuerza a mi teoría de que todos quieren dejar las fulanas velas y no se atreven por el simple hecho de que nos debemos a nuestras costumbres. Sin mencionar a los más viejitos, que año a año nos convidan parte de su sabiduría y de esa capacidad pulmonar ya menguada, a través de ese rito mágico y ciertamente íntimo, como es comerse un trozo de pastel con la respectiva dosis de saliva perfectamente distribuida para familiares, amigos, allegados y hasta para uno que otro coleado.

En mi caso particular, tengo muchas razones para no creer en esto de las velitas y lo efímero de su representación, pero ya les contaré más adelante. Lo cierto es que desde hace un par de años, he cambiado esta costumbre y ahora coloco sobre mi torta un símbolo de mi efeméride personal mucho más representativo que el tiempo transcurrido y, la verdad es que me ha funcionado muy bien.

Ahora que lo pienso, me encantaría regresar el tiempo, específicamente a ese año en que lo hice por primera vez. Hubiera puesto una pantaletica carmesí sobre el pastel, eso sí, dobladita y planchadita, nada de guarrerías. Hubiese buscado una lo más parecida posible a la que le quité a la que hoy no recuerdo su nombre, pero si sus formas, y hubiera celebrado con los míos la dicha del salto a la hombría que di ese año maravilloso. Habría hecho lo propio el año que compré mi primer carro, aún lo recuerdo, todo un Catanare, “un cagajón” para los que no entiendan la palabra, pero símbolo de mi libertad en ese momento.

Y como tantos eventos importantes de mi vida, hacerlo sucesivamente con cada logro, con cada meta cumplida. Porque celebrar un año sin logros, sólo por el simple hecho de que sea “un año más” como dicen algunos que no tienen otra cosa menos cliché que decir a la hora de felicitarte, me parece que le escasean los méritos, si al final de cuentas, la mayoría de las veces, no somos quienes decidimos hasta cuando…

Algo parecido le sucedió a mi tía “Salvadora”. No es que me haya salvado de algo ni mucho menos, ese es su nombre de pila. El punto es que mi tía dejo de colocarle velas a sus tortas desde el momento en que mi tío político se fue por cigarrillos hace unos siete años aproximadamente y nunca regresó, desde entonces el fuego sobre el pastel, fue reemplazado por las lágrimas salinas de sus recuerdos, que para efectos reposteros, arrojaban una extraña receta con esa mezcla amarga en sentimientos y el dulzor original de la masa.

El hijo de puta de mi tío, que por cierto, ya no es nada mío, le hizo la promesa que cada año soplarían las velitas del aniversario en cuestión y juntos las seguirían soplando mientras contaran con vida, y como para ella él ya había muerto, dejó de colocarlas por temor a que volviera.

También recuerdo la fiesta de cumpleaños que le celebramos a Marcial Omar, un viejo amigo de la universidad, coincidencialmente era la misma fecha de su primer aniversario con Carmen Elena, su novia en aquel entonces. Luego de soplar la única vela incrustada en el pastel, él la guardó en su bolsillo, no sin antes hacer una especie de juramento ridículo y empalagoso con la fulana. Un par de horas más tarde, por alguna extraña razón, Carmen Elena lo hacía en su cuarto con el mismísimo primo de Marcial Omar. Casi ocurrió una desgracia, todos intervenimos para evitarlo; sin embargo, la velita sufrió la misma suerte que la nada arrepentida de su ex, ambos fueron a parar a la calle. Y hoy día, el primo sigue siendo primo y perro también.

Del abuelo Ramón (mi abuelo por parte de padre) quedó aprisionado en mi memoria el hecho de cómo curiosamente un día pidió que no le colocaran más velas a su torta. Para mí estaba claro que él no quería repetir el deseo que cada año venía solicitando. Se le veía cansado y resignado. Ese año, según recuerdo, fue uno de sus mejores. Se le quitaron todos los achaques fastidiosos signos de su edad y decidió visitar a cuanta gente se le ocurría. Su mejoría fue notable y cuando volvió a decidir querer seguir viviendo, lo deseó en su último cumpleaños con la velita que él mismo pidió volvieran a colocar. Al año siguiente, nos tocó celebrar su aniversario en su ausencia.

En fin, tanta vela me quita el sueño, es decir, me desvela, quizá sea cábala, o simplemente es que intento hallarle el sentido lógico y coherente a las cosas, no lo sé, tampoco pretendo hacerles cambiar sus costumbres, lo único importante ahora es que ha llegado el primer aniversario de esta genialidad china, irónicamente con mano de obra venezolana. Por lo tanto, propongo un brindis con su respectiva tortica y que cada quien traiga consigo el icono que más le haya apasionado durante este año: puede ser una bujía, una curita, algún juguetico, cualquier animalito tipo zoo (se valen peluches), unas tijeras, un sombrerito mariachi ¿o por qué no? a los propios mariachis, una bolsita de cemento y hasta una sopita. Yo pongo la torta “que a eso estoy acostumbrado” pero eso sí, sin nada de velas, que las velas son pa’ cuando se va la luz.


ESPERA

Kira Kariakin



Me escondí en este baúl. Escribo esto, mientras espero. No tengo señal. Me alumbra el móvil. Escribo para calmarme y por si acaso.
Llegué a la fiesta sola. Todos los salones de la casa estaban llenos. Las cortinas abiertas dejaban ver los jardines y la terraza a través de los ventanales. La música permitía hablar sin alzar la voz. Era una fiesta normal y la gente la estaba pasando bien. En algún momento quise tomar aire fresco porque estaba algo mareada pero la salida a la terraza estaba cerrada con llave. Pregunté pero nadie supo explicar la razón, y tampoco nadie se ofreció a abrir la salida. Subí a la planta alta, que estaba en penumbra, para recostarme en uno de los cuartos. Cuando llegué arriba pude ver cómo se abría de golpe la puerta de entrada. Unas figuras oscuras con las caras cubiertas entraron y sin decir nada empezaron a cortar cabezas y brazos a los invitados. Los primeros segundos nadie gritó. La gente no entendía nada. Luego los alaridos y los intentos de huída de todos se mezclaban con la música que no dejaba de sonar. Nadie me vio arriba. Creo que el vestido negro me escondió en la oscuridad. Luego corrí por los pasillos hasta dar con este cuarto al fondo, donde encontré el baúl a medio llenar. Pude meterme pero ya no oía tan bien lo que pasaba. Los gritos y la música duraron casi una hora. Pude oír súplicas que se callaban de pronto. Más gritos, más súplicas, hasta que sólo hubo música y luego sólo silencio por un largo rato. Más tarde hubo ruidos que no supe qué eran. Luego otra vez silencio. Tengo quizás una hora que no oigo sino mi corazón. Estoy atrapada. Medio ahogada. No puedo abrir el baúl desde dentro. No sé quienes son los asesinos. Estaban vestidos de oscuro y tenían algo en la cara que era como si se les borrara. Todavía tiemblo. La fiesta parecía normal. En segundos todo estaba rojo de sangre. No sé porqué. No sé si alguien pudo escapar. Estoy esperando. Ojalá se hayan ido.

Oigo pasos.


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UN CORAZÓN ROTO EN NAVIDAD

Salvador Fleján



Detesto a la gente que odia la navidad. A mí, por mi parte, me encanta: el arbolito de plástico (nevado), el ponche crema, bailar gaitas con gorditas en el Poliedro. Se trata de un ritual que cumplo año tras año y que me hace inmensamente feliz. Sin embargo, hay personas que piensan distinto. Dicen que las navidades son pavosas, que hay que estar obligadamente contento y que, por otra parte, es un mes en el que se muere mucha gente.

Esto último puede que sea cierto, aunque dudo mucho de que la festividad tenga la culpa. O tal vez sí, ahora que lo pienso mejor.

Un 24 de diciembre me invitaron a una cena en Oripoto. La abuelita de la casa también cumplía año ese día y la celebración era doble. La viejita rondaba los 84 años y exhibía una acerada vitalidad. Una Úrsula Iguarán de peinado carísimo. La familia había preparado una fiesta de fábula para homenajear a la octogenaria.

Contrataron hasta a un chef de esos que hacen hallacas “deconstruidas” para la cena. Además había mariachis, DJ con música de Billos, mesoneros gay (que están de moda) y hasta Betulio Medina se presentó con un cuatro a las diez de la noche cantando Navidad sin ti.

Pero la nochebuena aún depararía más sorpresas.

La doña tenía un nieto favorito que vivía en Boston y al que tenía años sin ver. La familia, en una jugada maestra, había logrado traer al nieto (un gordo cuarentón que guardaba un parecido alarmante con el conductor de “La Hojilla”) y se lo tenían reservado para la medianoche.

A las doce en punto la cosa estaba sabrosa. La abuelita se había tomado dos Margaritas que la animaron a mostrar sus destrezas en la guaracha y el pasodoble. Los cómplices de la “gran sorpresa” se miraban con caras anhelantes. Al parecer el nieto tenía fama de embarcador. Sin embargo, el timbre sonó puntual.

El nieto en un alarde de creatividad le había puesto un plus a la sorpresa. Se presentó disfrazado de Santa Claus y con media botella de Etiqueta Negra entre pecho y espalda. Se golpeaba la barriga como si fuera King Kong y gritaba “Jo, Jo” en una lengua exótica.

La señora en un primer momento no lograba entender aquello. A medida que el nieto se aproximaba a la abuela, éste iba despojándose de algunos aditamentos del disfraz.

Cuando finalmente se quitó la falsa barba, la señora sólo alcanzó a decir ¡Gustavito!

Rescarven llegó como a la media hora. En el ínterin, hubo vasos de agua con azúcar, alguien clamaba por un “tilito”. Pero la cosa había sido fulminante.

Cuando hubo pasado todo y yo estaba por irme, el nieto “Santa” me agarró por un brazo y me llevó a un rincón. Con ojos llorosos y aliento a trementina, me dijo:

–Viejo, y pensar que me dijeron que si no venía le rompería el corazón a la vieja.